Briceida Cuevas: El diálogo intercultural en su poesía
Briceida Cuevas Cob escribe sus poemas en lengua maya y luego los
traduce al español, con lo cual busca establecer un diálogo entre las distintas lenguas y culturas.
Para ella, el ser escritora maya significa un compromiso muy serio, porque el oficio le permite contribuir a la revaloración de su cultura y al mismo tiempo propiciar la reactivación de la lengua en los jóvenes y niños mayas.
A través de su poesía, transmite su cosmovisión
del mundo y traza un puente hacia un diálogo intercultural
tan necesario.
La poesía y los talleres de creación literaria que imparte en lengua maya en su natal Calkini son un reflejo del esfuerzo que realiza por mantener vivo su idioma.
Cuevas ha transcendido las fronteras de México.
Ha sido traducida a varios idiomas, entre ellos al inglés y francés, y es una de
las voces mexicanas más admiradas y reconocidas nacional e internacionalmente.
En su poema «Irás a la escuela», comparte la
cosmovisión de su mundo, y desde este presente hace una defensa del pasado; aquí
nos habla de la necesidad de salir de casa para ir a la escuela, pero también
de regresar para integrar esa educación de las escuelas con los saberes
tradicionales de su cultura:
Irás a la escuela
Traspasarás el umbral de tu memoria
hasta adentrarte en tu propia casa
sin tener que tocar la puerta.
Y contemplándote en el rostro de tu semejante
descubrirás que desde tus pestañas,
flechas nocturnas prendidas en el corazón de la tierra,
desciende tu sencillez
y asciende la grandeza de tu abolengo.
Tú irás a la escuela
y en el cuenco de las manos de tu entendimiento
contendrás el escurrir del vientre de la mujer de tu raza.
De su calcañal
descifrarás los jeroglíficos
escritos por el polvo, el sol y la humedad.
Grandes los ojos de tu admiración
contemplarán sus senos desfallecientes
después de haber derramado vida sobre la tierra.
Irás a la escuela
pero volverás a tu casa,
a tu cocina,
a pintar con achiote el vientre del metate,
a que lama la lengua del tizne tu albo fustán,
a inflar con tus pulmones el globo-flama,
a que jurguen tus ojos los delgados dedos del humo,
a leer el chisporroteo en el revés del comal,
a leer el crepitar del fuego.
Volverás a tu cocina
porque tu banqueta te espera.
Porque el fogón guarda en sus entrañas un espejo.
Un espejo en el que estampada se halla tu alma.
Un espejo que te invoca
con la voz de su resplandor.
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