«Mis primeros poemas nacieron por el contacto con la naturaleza»

Poema IV en lengua maya.

Briceida Cuevas Cob escribió sus primeros poemas inspirada en elementos cotidianos, en la observación de lo que la rodea e incluso en los animales.

Son textos que le nacieron por el contacto con la naturaleza. «La maravilla de ver un amanecer, de ver un gallo que va brincando o caminando sobre la albarrada de la casa; de ver estos objetos cercanos a nuestra realidad, pues necesariamente nos tenemos que nutrir de eso en nuestra literatura», dice la autora maya en una entrevista con Mardonio Carballo, poeta nahua.

El libro U yok’ ol auat pek’ ti u kuxtal pek’ (El quejido del perro en su existencia) fue el primero que publicó en solitario en 1995, pues en 1993 sus versos habían sido incluidos en una antología junto a otros poetas de pueblos originarios. La obra, compuesta por nueve poemas, nace de la observación de lo más cotidiano: la vida de los perros de la calle.

En las Notas Introductorias del libro, la autora señala que en su obra los objetos son pretexto para decir lo que nos duele, o lo que no podemos andar gritando por las calles, o lo que nos gusta.Para Cuevas, la vida se describe a sí misma «en las cosas simples, en el pueblo que habitamos, en el pozo que nos devuelve la voz, en el comal que nos llora, en el cántaro que canta o en los perros que nos miran hambrientos y deshechos. Los seres, inanimados y cercanos a nuestra geografía peninsular, nos transmiten lo que somos: nuestros vicios, odios, manías o amor, esperanza y abandono. La metáfora se hace real. Todos los objetos son potencialmente poesía, todo tiene intención poética».

Poema IV en español.

Sobre este libro, Roberto Viereck en la La voz letrada: Escritura, oralidad y traducción: Diálogos con seis poetas amerindios contemporáneos, señala que «los textos tienen toda la apariencia de poemas normales desde el punto de vista del Canon occidental, sin embargo detrás de esto se oculta un conflicto en varias dimensiones que toca metafóricamente el problema de la exclusión, el desprecio y la violencia, estableciendo un paralelo inevitable con la experiencia indígena desde la conquista española hasta nuestros días».

Cuando Briceida lee los versos que componen este libro en voz alta, confiesa que dice lo que quiere. «Hablo de ese desgaste de la humanidad, del ser que está acabando consigo mismo, de la maldad que busca enraizarse en nosotros».

A continuación compartimos el poema VI:

VI 

¿Quién es el que estira la tortilla dura con la
mano izquierda
y luego
saca la mano derecha para golpear?
Perro que no abandonas a tu dueño,
perro que amas a tu amo:
dale prestada tu lengua al hombre
para que también le escurra la baba,
moje la tierra,
y siembre, como tú, la comprensión de la existencia.
Dale prestados tus ojos al hombre
para que mire con tu tristeza.
Dale prestada tu cola al hombre
para que la mueva y mueva con tu alegría,
cuando le digan: KS, KS, KS;
para que la guarde entre sus pies con tu vergüenza,
cuando le digan: B’J, B’J, B’J.
perro que no muerdes a tu señor,
Dale prestada tu nariz
para que husmee la bondad que sólo existe en
las manos del niño.
En fin,
dale prestados tus colmillos
para que se muerda la conciencia.

(V.H.)

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